Este año, como ya ocurriera en los años pasados, tenemos la suerte de que hay un alma nueva que nos enriquece, un niño que llega de otro colegio, de otro entorno, con otros compañeros y compañeras, otras rutinas, otras perspectivas, con un bagaje en su proyecto de vida que no podemos obviar... Alguien que nos dará grandes momentos, seguro, y con quien compartiremos el tiempo de una forma única y especial...
A nadie le gusta ser juzgado, preferimos darnos a conocer y mostrarnos tal cuál somos para ocupar nuestro lugar en el mundo.
Cuando eres un niño o una niña de 5 años parece que todo esto lo tengas aprendido. No importa de dónde vienes, no importa quién es tu padre, ni dónde trabaja, no importa el color de tu camiseta, de tu piel o tus gustos... sólo importa quién eres. Y con eso que eres, y que no quiero cambiar, sino conocer, te acojo.
Te acojo en mis juegos y en mis secretos, te dejo que me acompañes en mis mañanas y en mis risas y espero que las hagas tuyas.
Eso pareció entender S.M.G. quién asumió que P.J.D. necesitaba una amiga, y no tardó en acercarse, sumarlo y ayudarle a formar parte de nuestro mundo... ahora P.J.D. tiene un espacio propio dentro del espacio compartido de la clase, ya con la confianza de mostrarse sin reparos...