Nos pareció una propuesta muy interesante invitar a los padres y madres a pasar una jornada en la nieve... Fue Adri, mi compañero, quien empezó a buscar alternativas, quien organizó con empeño los autobuses y más tarde, allí en la nieve, quien más veces se tiró loma abajo como un niño. Fue bonito ver su entrega con la actividad y su disfrute...
No vamos a engañar a nadie, hubo una parte de la jornada en la que pensamos que no conseguiríamos llegar a ningún lado. Después de los momentos de nervios al subir al autobús, del largo camino hasta llegar a Granada y de tantas emociones que se habían puesto en juego en aquella actividad de fin de semana... ahora parecía a sólo unos minutos de llegar a nuestro destino que nos tendríamos que dar media vuelta. No podíamos subir por aquí... no podíamos subir por allá... ¡a veces las prohibiciones son tan absurdas!
"Probemos" Al menos eso... probar en un lugar, a ver si las ganas nos empujan lo suficiente. "Pero el autobús no sube... tendréis que ir andando y después ya nos encontraremos en este punto" Vaaaaale... no nos vendrá mal caminar la loma.
Y llegamos, a una zona de nieve empinada, abarrotada por gente y con algunas zonas un poco peligrosas... T.P. Miraba a su alrededor buscando la mejor zona por la que deslizarse. Al fondo una alambrada que protegía un edificio desconocido... algo no estaba en su lugar, no del todo.
Pero no hay nada más maravilloso que el empuje de los niños y niñas, y al final no importa el lugar, sino con quién y cómo. ¡Claro que se lo estaban pasando bien! Pero no era lo que prometimos, no había una gran bajada en la que derrapar, no había nieve con la que hacer grandes muñecos ni que tirarnos... ¡no era como habíamos soñado! Y los sueños son tan importantes...

A muchos parecía no importarle demasiado... recuerdo a T.P.L con su pala bajando y como poco a poco se fue dando cuenta de que la pala no era para él, quizá sea más importante sentir el frío en el las posaderas (probablemente mojadas) que sentir la pala, ¿para qué? A algunos le salía muy bien lo de la pala... pero es que a él no, a él se le daba mejor al natural, la nieve y sus ganas, sin artificios por medio. Parecía que era costoso, más lento quizá... Pero sólo lo parecía, porque su cara decía la verdad "Aquello era fantástico y el sitio no importa, sino quién y cómo" Para él era la primera vez en la nieve, ¿acaso no es eso más importante que ninguna otra cosa que os pueda expresar?
Pero aquel no era el lugar.
No lo era.
No con el que habíamos soñado.
¿Dónde está la gran loma desde la que deslizarse?
¿Dónde las montañas de nieve con las que hacer grandes muñecos de nieve?
Pues detrás del edificio desconocido, y es que sin darnos cuenta habíamos perdido en el lugar donde nos encontrábamos a algunos exploradores que buscaron ese lugar, y como salvadores que aparecen al final de una película vinieron a explicarnos "sólo tenéis que bordear el edificio, nosotros estamos allí y ese lugar si que es grande, y tiene una bajada espectacular, hay más nieve y espacio, y podemos hacer más cosas... allí estaremos mejor" Y en esas de vuelta al camino. Bordear el edificio desconocido, ¿os he dicho que era gris?

Y llegamos. El lugar con el que habíamos soñado... grandes cantidades de nieve, una enorme loma blanca desde la que deslizarnos. Un lugar donde poder estar libre y tranquilo, jugar y correr. Hacer muñecos de nieve, hacer ángeles de nieve y tirarnos nieve... tocarla y sentir el frío el placer. Compartir con cada persona lo hermoso de un día en compañía de quienes te quieren. Tu familia, tus amigos, tus compañeros.
Me pareció revelador un momento, en el que encontré a M.H. jugando con la nieve, envolviéndose la mano, dejando que se derritiera poco a poco, atento y cuidadoso, como si quisiera ver cada copo deshacerse y convertirse en un líquido transparente.
Me emocionó ver a las madres y padres compartiendo con los niños y niñas cada momento. Me gustó a mi... pero las caras de la gente a mi alrededor decían algo más. Hablaban de amor. De amor al compartir, al enseñar, al disfrutar, a la alegría, a la complicidad... de amor por lo que estaba sucediendo. De amor por convivir. Y en esas... sólo cabe ser feliz.
QUIERO PEDIR PERDÓN, PORQUE TENÍA INFINIDAD DE FOTOS... PERO LAS COSAS DE LA TECNOLOGÍA... LAS PERDÍ CASI TODAS EN UN DESCUIDO IMPERDONABLE, y aún siendo imperdonable, os pido perdón.






