"Si hay mirada, hay conexión" Olga Romera, maestra de la escuela pública El Martinet.
Y es verdad...
La conexión con las personas, desde que llegamos nuestros niños y niñas sintieron que podían formar parte de todo. No se escatimó ni un sólo gesto de cariño, no se reservaron caricias ni palabras de apoyo a los niños y niñas.
Los talleres para los peques y pecas fueron cambiando el ambiente en que nos movíamos, de interior a exterior (por cierto... ¡qué exterior maravilloso!)
El primer de los talleres nos llevó a descubrir la escayola.
El polvo de escayola se extrae de la tierra y gracias al agua podemos convertir ese polvo en la escayola que conocemos todos. Fresca y suave.
Me di cuenta rápido de cómo los dedos de los niños y niñas se perdían por entre los pliegues de las figuras conectando con la textura lisa y con la temperatura fresca. Algunos jugaban con la figura recreando historias que se perdían entre otros juegos, como P quien gracias al pincel se fabricó una tosca marioneta del avión de escayola que iba a pintar. Y la pintura, no sólo por el impacto de color que es sino como elemento casi mágico que permite que niños y niñas se concentren en realizar sus creaciones plásticas de la forma las sutil y perfecta posible. La pintura es textura, color, olor, creatividad... uno de esos recursos que como parte de la vida misma de los niños y niñas no puede faltar en un lugar como El Pato.
Cada uno de nosotros y nosotras buscamos sin darnos cuenta el remanso de paz que la artificialidad nos ha robado. Huir del bullicio y de los sonidos enlatados que nos ofrecen las ciudades y las urbes a los que estamos acostumbrados a vivir.
Buscamos la excusa para pararnos y oler las plantas, poder agacharnos y acercarnos tanto que no sepamos si el olor se ve muy bien o lo que ve huelo de maravilla... la menta, la hierbabuena, el romero... Nos hemos acostumbrado a utilizar sus propiedades para las comidas, pero... ¿cuánto tiempo hace que no hueles una planta natural...?
Quizá la observación de la naturaleza te deje embelesado por unos instantes, compares tu altura de niño con la del árbol, que es más joven que tú y algo en tu mente cambie... porque hoy te supera en altura y en algún momento podría erigirse sobre las cabeza de todos nosotros para acogernos.

Observar es formar parte de lo que se observa de algún modo, porque lo que observamos habla de nosotros mismos como personas. Cada uno de nosotros mira hacia el mundo de una manera diferente y en esa mirada estamos poniendo mucho de lo que somos en el mundo... ¿por qué lo miro? ¿qué ha llamado mi atención? No se qué era en aquel momento para T.P.L. me daba pudor acercarme más de la cuenta y romper el momento de intimidad que estaba viviendo. Aún así pude ver su curiosidad, en sus ojos vivos la entrega...

En El Pato tuvieron momentos en los que realizaron labores que en otro entorno están lejos de poder hacer, relacionándose con el entorno. Creo que todos supieron agradecer que se les dejara "trabajar" la tierra, regar las plantas con empeño y entusiasmo, para mi uno de los momentos más divertidos fue ese, en el que se veían ellos mismos trabajando juntos, y sintiéndose tan importantes como cualquier monitor o monitora del Pato.

El día en el Pato descubrimos que hay algunos de los pequeños que tienen mano con la tierra... ¡ Desde luego se esforzaban como nunca por hacer el trabajo de la mejor forma posible, a algunos se les veía muy preocupados por no desperdiciar una gota de agua. Quizá una de las personas que más despertó mi curiosidad fue C.P. que se esconde normalmente en una apariencia delicada y dulce y que sin embargo, y sin perder esa delicadeza ni su dulzura, se convirtió en una de los más valiosos rastrillos... ¡Derrochaba fuerza y destreza!
En El Pato hay una poni holandesa, que pasea a los niños, niñas, maestros, monitores... en un carro verde, amarillo y rojo. El carro es grande pero más grande es Flor, la poni holandesa... ¡enorme! Enorme y preciosa. Enorme y mansa... tranquila. Sobre todo enorme... y si miran la foto, verán que preciosa (con ese color en contraste con el fondo y el azul del cielo que parecía ese día de mentira... de tan bonito) y si hubieran estado allí para vivirla sabrían que mansa, y tranquila.

Además en El Pato hay dos ponis más, o al menos conocimos a dos más (me ha contado un pajarito, o un patito, que hay más de tres) y son Blanquita, la poni manchada de blanco que paseó entre otros a J.L.L (ese pequeño que no se quiso quitar su gorro de Pitufo) y "el poni loco" que se llama Paquita y que no hace honor a su apodo, al menos no mientras un niño o niña se monta en su lomo. es pardo y paseó con ánimo, entre otros a C.G.C. Para algunos fue la primera vez, para los que no pudieron vivir de nuevo la experiencia de montar sobre un animal grande sintiendo el suave trote casi relajante. O en el carro... sintiendo el viento alborotar tu pelo.

Si fueran pocas las experiencias que ya he contado, me atrevo a contar una anécdota... algo que tiene que ver con los huevos y las gallinas. Y más específicamente con uno de los huevos que aparecen en la imagen y con una de las gallinas del Pato (las gallinas creo que no tienen nombre). Fue G.G.L.G quien descubrió un huevo recién puesto y al cogerlo caliente todavía decidió ponerlo junto a los otros... vivió esa experiencia y con él los demás compañeros y compañeras, quizá se le olvide, pero ese día en El Pato pudo vivir una experiencia de vida que puede que no se vuelva a repetir para él. Pero vivir por un momento el contacto con animales que a veces parece que sólo veamos por la televisión nos da una nueva imagen de nosotros mismos. Para mí fue una experiencia de las más tiernas que he vivido con estos pequeños verles acariciar a las ovejas, mientras huía para que no se comieran mi cinturón, la verdad, y verles acercarse a sus caras, a sus patas... moverse entre los animales con naturalidad y sintiendo en sus manos la espumosa lana...

Para tocar a un animal primero tienes que confiar en que no te va a hacer nada, por eso en varios momentos pude observar a niños y niñas acercándose en pareja a tocar a las ovejas. Como P.J.D y N.P.G uno tímido no quería a penas rozar al animal, el otro confiado le insistía con una sonrisa y animaba dando motivos al primero para por fin... tocar sin miedo. Igual ocurrió con C.P.D. que fue motivación para muchos de sus amigos y amigas que al ver cómo la niña, atrevida, tocaba con ambas manos, incluso se apoyaba en la oveja y lo hacía disfrutando y riendo no dudaron mucho en acercarse al animal, que sin un poco de ánimo, hubieran dejado pasar de largo.
Lucía, una de las personas que acompañó a nuestros pequeños durante la jornada en El Pato me dijo "no he podido comer con ellos... porque cuando había repartido la comida al último de los Mejoranitos ya me estaba pidiendo el primero repetir" Claro... quizá estaba todo delicioso, quizá era un momento de disfrute del momento puede que ambas cosas. Tres de los pequeños se rezagaron, el motivo tiene mucho que ver con la relación entre estas tres personas que serían capaces de cualquier cosa con tal de estar juntos. Uno de ellos tardaba más de la cuenta, a los otros no les importó poder perderse algo del día, lo que no querían perderse es a su amigo.
Después me di cuenta de qué era lo que realmente me estaba enamorando del lugar. En el Pato los niños y niñas eran felices... la felicidad no se puede expresar con palabras... pero si se puede mostrar en imágenes:

Observar es formar parte de lo que se observa de algún modo, porque lo que observamos habla de nosotros mismos como personas. Cada uno de nosotros mira hacia el mundo de una manera diferente y en esa mirada estamos poniendo mucho de lo que somos en el mundo... ¿por qué lo miro? ¿qué ha llamado mi atención? No se qué era en aquel momento para T.P.L. me daba pudor acercarme más de la cuenta y romper el momento de intimidad que estaba viviendo. Aún así pude ver su curiosidad, en sus ojos vivos la entrega...


Después me di cuenta de qué era lo que realmente me estaba enamorando del lugar. En el Pato los niños y niñas eran felices... la felicidad no se puede expresar con palabras... pero si se puede mostrar en imágenes:

La última actividad que tenían reservada para nosotros ese día tenía que ver con las plantas aromáticas que estaban allí... el romero, la menta, la lavanda... que fue presentada a los niños de nuevo en platitos de colores. Mientras los niños escuchaban atentos a los monitores que divertidos explicaban de dónde vienen esas plantas, hacían preguntas a los niños y niñas para cerciorarse de que recordaban lo que al principio de la mañana aprendieron y además dejaban entrever de qué iba la actividad... también dejaban reposar las yemas de sus dedos por el borde de los platos, la superficie con el tacto de la hoja de cada planta, tranquilamente, como esforzándose por sentir el aroma con las manos... o buscando una nueva forma de sentir la planta. A veces nos cerramos y vemos las cosas desde una mirilla minúscula, para ellos eso no se concibe, una planta no sólo se puede oler.
Prefiero pensar que ahí no acabó nuestra relación con El Pato, y que volveremos. Porque de algún modo cuando vives cosas potentes te ligas con el lugar en el que las vives. Me quedo con eso... y con el abrazo que todos sentimos mientras estuvimos allí.














