Mis abuelos lo han sido todo para mis padres, o han sido todo para mi y se que para estos peques también. No sabéis la emoción con la que me dicen "hoy voy a casa de la abuela" "he estado en casa del abuelo"... a ellos/as les da la vida. Por eso propuse que vinieran, que pasaran esa barrera ficticia que supone entrar en el cole, entrar en la clase, ver a los niños en su espacio natural, conocer a esta seño...
Ya entraron en el aula riéndose, ¡qué encantadores! Cada uno con su personalidad, lo hicieron muy fácil. La abuela, dulce y cariñosa les contaba a los peques un cuento (que les fascina) y todos no podían hacer otra cosa que escuchar embelesados. La cara de orgullo de nuestro H.C era fantástica. Me fascina ver cómo se llenan de emociones que no entienden.
Con una abuela así el listón está muy alto, pero con un abuelo así todo cabe. El abuelo de H.C no perdió la oportunidad de contar allí anécdotas e historias de la que tanta falta hace hoy en día. Cómo salvó a una liebre y le dio cobijo se convirtió ese dia en el tema del que hablaban todos. Ésta es la parte de valores que me gusta que dejen en la clase estas visitas, además del amor que desprenden claro, y de que los peques y pecas conozcan a las familias de sus compañeros y compañeras. No se fueron hasta que toda la clase se fundió en un abrazo con los abuelos. ¡Muchas gracias de corazón por vuestra entrega y vuestra alegría!
Abrazos y Molinetes!!
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