Todas las puertas son iguales, azules.
Enmarcadas en los quicios de madera y con un pomo metálico y frío. Con un ojo
de buey a una altura de un metro sesenta más o menos, inalcanzable para los
peques y pecas que quieran mirar y curiosear a otras clases cuando se
encuentran cerradas.
Nuestra
clase tiene una cosa especial. Bueno, tiene muchas. Pero hay una que cada mañana nos sorprende
porque despliega la magia de la luz atravesando esa puerta que es igual que las
demás.
A primera hora de la mañana, cuando se
llena de vida el aula y las criaturas dan la bienvenida a un nuevo día y al
resto de compañeros y compañeras, como un halo de esperanza entra por nuestra
puerta un tubo de luz que se encuadra perfectamente, como creado por el mejor
artista, desde el ojo de buey hasta el espejo que le espera en la pared
opuesta, dibujando una diagonal que hace que fluyan y converjan nuevas formas
de ver el mundo cuando es tocada por los niños y niñas. Ahí la luz es más
clara, también porque la hacen así esta gente pequeña.
Para
disfrutar de verdad de esta luz me he percatado de que es esencial procurar
entorpecer la luz… crear sombras con las manos con la cara… saltar para
intentar coger cada rayo que nos regala el sol. Incluso intentar comer las
motas de polvo, que de otro modo, son imperceptibles.
“Isa, me como la luz… ¡me como la luz!”
grita T.P.L. Porque se la está comiendo… como se come la vida cada minuto… y lo
ve… ve esos puntitos que vuelan en la luz… y que si están ahí, existen, y como
tales se los puede comer.
En
el ritual de disfrute de la luz pueden pasar muchas otras cosas. Puede pasar
que te des cuenta de que la luz cambia lo que ves con solo tomar contacto… como el color
de tu piel. “Es rojo… mi mano es rojo” Concluye J.B.B. Ha puesto una y otra vez su mano sobre el ojo
de buey… una y otra vez, miraba fijamente el cambio del color de su mano, como
en los bordes se iluminaba su piel y como se volvía translúcida… roja. “Si pasa
la luz se pone rojo” Y mira su mano sorprendida… una última vez, antes de que
pasen los veinte minutos mágicos en los que el sol nos regala este rayo de luz.
Qué maravilla llenar este espacio de descubrimientos, luZ y alegría :)
ResponderEliminarMuy buenas fotos!!! Son para presentarlas en cualquier concurso sin duda!!
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