lunes, 10 de marzo de 2014

¡Me como la luz!

[…] lo que le interesa es tener experiencias interesantes y probar algo nuevo […] Rebeca Wild, Etapas del Desarrollo.

En el aula hay dos puertas, ambas son puertas normales, como lo son las del resto de la escuela. Todas las puertas dan acceso a un lugar, a un entorno lleno de vida y de energía que despierta cada mañana con la llegada de las criaturas y duerme con la caída de la tarde, cuando se van las últimas personas de nuestra escuela.
Todas las puertas son iguales, azules. Enmarcadas en los quicios de madera y con un pomo metálico y frío. Con un ojo de buey a una altura de un metro sesenta más o menos, inalcanzable para los peques y pecas que quieran mirar y curiosear a otras clases cuando se encuentran cerradas.
Nuestra clase tiene una cosa especial. Bueno, tiene muchas.  Pero hay una que cada mañana nos sorprende porque despliega la magia de la luz atravesando esa puerta que es igual que las demás.
A primera hora de la mañana, cuando se llena de vida el aula y las criaturas dan la bienvenida a un nuevo día y al resto de compañeros y compañeras, como un halo de esperanza entra por nuestra puerta un tubo de luz que se encuadra perfectamente, como creado por el mejor artista, desde el ojo de buey hasta el espejo que le espera en la pared opuesta, dibujando una diagonal que hace que fluyan y converjan nuevas formas de ver el mundo cuando es tocada por los niños y niñas. Ahí la luz es más clara, también porque la hacen así esta gente pequeña.
Para disfrutar de verdad de esta luz me he percatado de que es esencial procurar entorpecer la luz… crear sombras con las manos con la cara… saltar para intentar coger cada rayo que nos regala el sol. Incluso intentar comer las motas de polvo, que de otro modo, son imperceptibles.

“Isa, me como la luz… ¡me como la luz!” grita T.P.L. Porque se la está comiendo… como se come la vida cada minuto… y lo ve… ve esos puntitos que vuelan en la luz… y que si están ahí, existen, y como tales se los puede comer.
En el ritual de disfrute de la luz pueden pasar muchas otras cosas. Puede pasar que te des cuenta de que la luz cambia lo que ves con solo tomar contacto… como el color de tu piel. “Es rojo… mi mano es rojo” Concluye J.B.B.  Ha puesto una y otra vez su mano sobre el ojo de buey… una y otra vez, miraba fijamente el cambio del color de su mano, como en los bordes se iluminaba su piel y como se volvía translúcida… roja. “Si pasa la luz se pone rojo” Y mira su mano sorprendida… una última vez, antes de que pasen los veinte minutos mágicos en los que el sol nos regala este rayo de luz.

2 comentarios:

  1. Qué maravilla llenar este espacio de descubrimientos, luZ y alegría :)

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  2. Muy buenas fotos!!! Son para presentarlas en cualquier concurso sin duda!!

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